
PROCESIÓN DÍA 9 DE MAYO DE 2026
La Imagen Peregrina volvió a derramar luz por las calles de nuestra feligresía.
Y al verte salir, Virgen de Fátima, Madre de Dios y madre nuestra, sentí que el tiempo se detenía y que el corazón latía al mismo compás de los sones del ave María.
Peregrina de Esperanza, Mensajera del Amor, Consoladora de nuestras heridas, Intercesora fiel, ruega por nosotros.
Cuando tus andas cruzaron el umbral del templo, algo dentro de mí se quebró y se encendió a la vez. Era como si Málaga entera respirara tu cercanía consoladora y materna. Como si cada lágrima derramada en plegaria, cada súplica, cada agradecimiento, encontrara en Ti un hogar. Te vi avanzar, serena, blanca, pura, recogiendo en tu mirada las oraciones de un pueblo que te ama y confía en Ti. Y comprendí, una vez más, que Tú, Madre, eres puente, refugio y abrazo; eres nuestra intercesora, eres quien presenta nuestras plegarias a tu Hijo, nuestro Señor que tanto nos ama.
Sobre tu trono, llevado con emoción por setenta portadores, hombres y mujeres que sintieron el privilegio de sostenerte sobre sus hombros, recordé a todos los que han hecho posible este sueño:
A los que pusieron la primera piedra de esta Hermandad, a los que ya descansan en la paz de Dios, a los que nos dejaron, a los que hoy no pudieron acompañarte, y a todos los que, en silencio o en entrega visible, han trabajado para que tu Hermandad sea una realidad viva en Málaga y tu memoria vuelva a ocupar el lugar que siempre mereció.
Y entonces, como un eco que atraviesa generaciones, volvió a escucharse aquel grito que nació en el puerto de Málaga cuando bajaste del barco en 1948 y, por primera vez, pisaste suelo malagueño.
¡¡Viva la Virgen de Fátima!!
Aquel grito encerraba el sentimiento del “Acordaos, oh Virgen María; acordaos de que jamás se ha oído decir que ninguno de cuantos han acudido a vuestro amparo, implorado vuestra asistencia o solicitado vuestra intercesión haya sido abandonado”.

Hoy muchos hablan de los hechos y recuerdos ligados a las visitas de la Imagen Pereg
rina, como si siempre hubieran estado ahí, grabados en la memoria de Málaga. Es hermoso ver cómo se despierta algo que parecía dormido… pero también sorprende que incluso personas que no vivieron aquellos años hablen ahora como si lo hubieran sentido en primera persona.
Y, sin embargo, sé con certeza que si el libro «Fátima la Peregrina en la gran misión de Málaga» no se hubiese publicado, todo esto seguiría en silencio. Han pasado 78 años desde su primera visita, y nadie mencionaba la carta de entrega, ni el hecho —único en el mundo— de que esta Imagen jamás regresó al Santuario. ¿Cómo pudo olvidarse algo tan grande durante tanto tiempo? ¿Y cómo es posible que ahora resurja como si hubiese ocurrido ayer?
Lo digo con emoción y con responsabilidad: sin el libro, nadie podría defender la autenticidad de esta Peregrina, porque ni siquiera el propio Santuario conocía este hecho. Tras varios encuentros con el Rector, y presentándole fotografías, prensa y testimonios de época, él mismo expresó su deseo de venir a Málaga para contemplar la Imagen con sus propios ojos.
Durante décadas, nadie luchó por contar esta verdad. Nadie se detuvo a decir que Málaga guarda la única Peregrina del mundo que no volvió al Santuario, fruto del clamor de un pueblo herido que buscaba esperanza, y de un obispo que quiso consolar a una ciudad marcada por la guerra y el sufrimiento.
Por eso me pregunto, desde lo más hondo: ¿Cómo es posible que el libro no sea más conocido? ¿Cómo puede ser que algunos se presenten ahora como guardianes de una memoria que nunca investigaron, intentando eclipsar un trabajo que nació del amor, del rigor y de la devoción?
Lo justo, lo noble y lo necesario sería acercarse al autor, para conocer de primera mano lo que él, como investigador, ha rescatado para Málaga: una historia que no debía perderse, una verdad que merecía volver a la luz.
Pero el autor sigue investigando, y el segundo libro verá la luz, si Dios quiere, dentro de poco tiempo. En él se confirmará que la Imagen nunca ha dejado de peregrinar, aunque sea dentro de la diócesis de Málaga, porque precisamente para eso se quedó: para seguir caminando con su pueblo.
También puedo adelantar que ya se está trabajando en un tercer libro, donde se recogerán los sucesos y testimonios que la presencia de la Virgen de Fátima ha despertado allí por donde ha peregrinado. Son historias vivas, conmovedoras, que muestran cómo la fe se ha encendido en corazones que Ella ha tocado a su paso.
Ninguno de estos libros es una simple ampliación del primero; cada uno aporta una mirada distinta, pero todos se complementan, porque juntos forman la historia completa que Málaga merecía recuperar. Una historia que estuvo a punto de perderse y que ahora vuelve a brillar con la fuerza de la verdad y la memoria.

